Lo tan terrible
―¡Qué carajo! ¿Ni con las del mismo suelo político se puede contar? ¿O sólo eres tú?― Me quedé con ganas de decirle, pero la sensación de que es mejor no dejarse llevar por la emoción, no desempacar las maletas en ningún lado y estar listas para emprender viajes sin regreso era abrumadora.
Es de temerse la posibilidad de que la decepción nos nuble la vista y comencemos a ver enemigas en las que sí han estado; recibiendo nuestras postales, preguntándonos para cuándo la visita, abrazando a nuestra llegada, acompañando en nuestro dolor.
―¡Qué carajos!― Debí decir. ―Yo no voy a deberme a una estructura institucional ni al reconocimiento académico, mucho menos a la falsedad de decir que priorizo mujeres mientras le exijo a una que confió en mí que sirva a mis propósitos―.
―¿Porqué será más fácil ceder ante las viejas costumbres en lugar de observar lo mucho que nos separan?― Es una de las preguntas sin respuesta.
Pudimos hablar, a tiempo.
Pudimos no organizar esta fiesta de la que ahora toca ver irse a otras, desencantadas, porque otro dolor, en medio del duelo, no me deja bailar con ellas...
Me pregunto si algún día verás a quién o a qué realmente le conviene lo que me exigiste, o si podrás aceptar parte de tu responsabilidad. Aunque para nuestra historia da igual.
Yo me quedo con la tristeza y la soledad que provoca descubrir que no te conocía, que no lo permitiste.
Las maletas llenas de cuentos me las llevo a otros destinos, las miles de reuniones entre mujeres con las que sueño serán propuestas en otros espacios; las risas que colorean paredes y las plantas que se asoman por las ventanas siguen conmigo.
En casa habrá flores, en mis oídos melodías salidas de corazonas amorosas, mis brazos abrigarán la magia que se crea entre mujeres que se saben tan dueñas de sí mismas que eligen compartirse con honestidad.
Es reconfortante, saber que no es tan terrible esto que se murió entre tú y yo porque puedo refugiarme en ellas, y en esas otras que aún no conozco pero en las que no perderé la esperanza por nuestros errores.
Nada es tan malo si luego de ir y volver un poco herida, aún, yo y otras, estamos juntas.
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