De vuelta

Ese día (que en realidad eran días), no sabía cómo irse.

No estaba segura si estaba en la posibilidad o tenía la fuerza suficiente para hacerlo. Recordó que él le había sostenido la mano cuando ella estuvo más triste en la vida, recordó que siempre la acompañaba a donde ella necesitaba que la acompañaran, que hablaban muchísimo de muchas cosas, que reían mucho, que él la cuidaba cuando enfermaba y le acariciaba el cabello antes de dormir.

¿Entonces, por qué quería irse? 

Qué de todo eso que ocurría entre ellos era lo que la empujaba a irse si todas las personas a su alrededor hablaban de lo maravilloso que era aquel hombre, lo cariñoso, fiel y responsable que era con ella, él era único entre todos los hombres que conocían.

¡Qué mujer tan malvada abandonaría a un hombre así!

Un día (que en realidad eran días) ella se dio cuenta que no era algo que había ocurrido en un día y que en realidad eran días que ya se sabía extraña en aquel lugar, que se dio cuenta que él le había sostenido la mano pero en la memoria sabía que otras mujeres le había sostenido el cuerpo, la vida y el camino; que él le había acompañado a donde ella quería pero que en la memoria sentía como otras mujeres la acompañaban siempre en la historia, en la palabra, en la calle, en una llamada, en un mensaje, en el dolor, en el miedo, en el grito; que reía con otras como corrientes de agua inagotable y furiosa como un manantial, que otra le acariciaba el pelo y las heridas y la sal; que podía hablar con él de muchas cosas pero que él casi nunca entendía lo que ella trataba de explicarle y al final le decía: “tú siempre estás del lado de las mujeres”

Al final ella sí se fue, sabía que no lo necesitaba para ninguna de esas cosas, porque ella estaba rodeada de otras como ella, mujeres amorosas desde donde podía mirarse y volverse hacia ella. Se dio cuenta que por supuesto, ella estaba del lado de las mujeres porque en esta guerra contra nosotras ese era su lado.

Ese día se fue, en realidad eran días porque ella se venía marchando desde hacia mucho, desde que empezó a caminar de vuelta a ella misma.


Ilustración de Eleni Kalorkoti




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